15 ago. 2012

Etapa 6. León - Molinaseca (103km)


Hoy entramos en la parte más accidentada de nuestro periplo. Los repechos se suceden sin solución de continuidad y ya no nos abandonarán hasta Santiago. De momento toca superar el Alto de la Cruz de Ferro, una de las subidas más emblemáticas del Camino, para luego descender a la bella localidad berciana de Molinaseca (pulsa sobre la imagen para verla más grande).


Si la etapa de ayer fue llana y de transición, la de hoy ha sido un auténtico etapón alpino. Más de cien kilómetros por los espectaculares paisajes de los Montes de León, visitando localidades tan bellas como Astorga, Rabanal del Camino, el Acebo o Molinaseca, y coronando los altos de la Cruz de Ferro y del Collado de las Antenas. Entre unas cosas y otras, ha sido necesario superar un desnivel acumulado superior a mil metros.

Pero comencemos por el principio. Por la noche ha llovido y el ambiente se ha quedado bastante fresco. Incluso más que ayer. Además, hoy hace algo de aire. De nuevo he salido con las primeras luces del amanecer, siguiendo las flechas amarillas desde las puertas de la catedral de León en dirección a la Virgen del Camino.

En las proximidades de la Virgen del Camino encontramos estas curiosas "casas de hobbit", excavadas en la ladera. Aparentemente son bodegas.
Tras superar el alto de la Virgen del Camino nos vemos confrontados con dos alternativas. La primera consiste en seguir el trazado de la N-120 por una especie de andadero de tierra que va pegado a ella. La segunda implica dar un largo rodeo por solitarias pistas agrícolas, atravesando poblaciones como Chozas de Abajo, Villar de Mazarife u Hospital de Órbigo.

No hay color.

Así, que me decido por la segunda alternativa. Es más larga, pero infinitamente más gratificante que el tráfico de la carretera principal.

La variante que hemos tomado a la altura de la Virgen del Camino nos permite circular todo el tiempo por pistas de tierra y caminos agrícolas asfaltados, olvidando así el tráfico de la N-120

El Camino está plagado de curiosas obras de arte, tanto antiguas como modernas. En la imagen, un mosaico realizado por habitantes de Villar de Mazarife

Un majestuoso puente del siglo XIII nos da la bienvenida a Hospital de Órbigo
El río Órbigo

A partir de aquí el terreno es un rompepiernas continuo hasta Astorga. Pasado Hospital de Órbigo el camino se torna sendero y encontramos una serie de repechos pedregosos más o menos duros que culminan con la llegada al Cruceiro Toribio, desde el cual dominamos la villa romana.

Cruceiro Toribio. Al fondo, Astoga.

En Hospital existía la posibilidad de circunvalar este tramo por carretera, lo que suaviza bastante su dureza, pero siguiendo mi política anteponer camino a carretera ni siquiera me lo he planteado.

La subida al casco antiguo de Astorga es bastante empinada. Sin embargo, la recompensa vale la pena, puesto que una vez arriba podremos contemplar el palacio de Gaudí y la catedral. Aprovecho para reponer fuerzas por allí, sabiendo que este es el último respiro antes de afrontar la parte dura de la etapa.

En efecto, a partir de Murias de Rechivaldo comenzaremos un ascenso continuado de más de treinta kilómetros que nos llevará a lo más alto de los Montes de León.

La subida es llevadera al principio, y recorremos muchos kilómetros donde el camino simplemente pica hacia arriba. De hecho, el puerto no comienza realmente hasta que llegamos a Rabanal del Camino. A partir de aquí tenemos ocho kilómetros con un desnivel medio algo superior al 5%. Las dos o tres rampas más duras están al final, pasada la localidad de Foncebadón, por lo que conviene ir dosificando las fuerzas en los primeros tramos de la subida.

Frente al Palacio Espiscopal, a veces llamado Palacio de las Hadas (Astorga)

Estamos a punto de coronar la Cruz de Ferro. En primer plano, Foncebadón.

Para seguir con la tradición del peregrino, dejo el pedrusco que recogí en Roncesvalles a los pies de la Cruz de Ferro. La verdad, no me siento liberado de lo material. Es más, tengo bastante hambre, pero como aquí no hay donde comprar comida toca reanudar la marcha. Coronado el alto todavía quedan unos cinco o seis kilómetros de repechos hasta comenzar el descenso.

Pasamos por el albergue de Manjarín, de marcado corte alternativo, y por el collado de las Antenas, cuyo breve ascenso se atraganta un poquito más de lo esperado.

El paisaje en estos parajes solitarios es típicamente alpino. Desde luego, los valles leoneses son tan abruptos y verdes como los valles gallegos. Hay vaquitas y prados verdes. Sólo falta Heidi. Siento no poner fotos, pero es que la cámara las hacía borrosas. Qué rabia. Por suerte, al llegar al albergue me he dado cuenta de que ha sido porque puse el dedazo en el objetivo. El lado bueno es que tiene fácil arreglo, y el malo es que no tengo recuerdos gráficos de un tramo francamente bonito. En fin, lo que sí tengo ya es una excusa para volver...

¿Viena? ¿Salzburgo? No, Molinaseca
La Cruz de Ferro
Curiosamente, lo más duro de la etapa ha resultado ser el descenso.

De repente se ha levantado un vendabal tremendo. La carretera está bastante expuesta a lo largo de todo el descenso, y las huracanadas ráfagas de viento amenazan con tirarme de la bicicleta.

Para protegerme un poco opto por bajar por la senda trialera hasta El Acebo. Después no me queda otra que la carretera. Por suerte no hay apenas tráfico, pero el viento no remite. La verdad es que siento un profundo alivio cuando aparecen ante mi los primeros tejados de Molinaseca.

Desde Molinaseca sólo quedan ocho kilómetros a Ponferrada. La verdad es que podría haber hecho noche en la ciudad de los templarios, pero Molinaseca es demasiado bonito para pasar deprisa y está engalanada por las fiestas. Decido hacer noche aquí para poder dar un paseo en condiciones.

Los albergues están a la salida del caso antiguo, cuando ya parece que hemos dejado atrás el pueblo. El primero no me convence mucho, pese a que el hopitalero intenta hacerme creer que la bici va a dormir estupendamente al raso y sin verja. En el segundo, sin embargo, me dejan meter la bici dentro. Las instalaciones son normalitas y cuesta 6€, pero el ambiente me gusta.


El albergue tiene camas hasta en el porche. Creo que algún valiente ha pasado ahí esta noche. Con el airecillo que corría yo ni me lo he planteado.
Por la noche, sentado como acostumbro en el hall del albergue, he entablado conversación con distintos peregrinos. Uno de ellos, Iván, llega desde Sahagún. O sea, que hoy se ha metido más de 150km. Además, hay dos madrileños que ayer hicieron 165km.

¡Y yo que pensaba que era un machote por hacerme cien...!