11 ago. 2012

Etapa 2. Zizur Menor - Logroño (89km)


La segunda etapa presenta un perfil rompepiernas. Nada más salir de Zizur Menor afrontamos la dura subida al Alto del Perdón. Después, lidiaremos con las rugosidades características del paisaje navarro durante todo el día. El último tramo, de llegada a Logroño, es cuesta abajo (pulsa sobre la imagen para verla más grande).

Como no hay quien duerma con tanto ronquido, toca levantarse a las seis. Me consuelo con la idea de que salir pronto me va a permitir hacer buena parte de la etapa antes de que apriete de verdad el sol. Hoy, como ayer, la previsión es de ola de calor. Menos mal que mañana han dicho que bajan las temperaturas...

Tras un exiguo desayuno -de cena me acabé zampando casi todo lo que compré en la tienda de alimentación- toca afrontar la temida subida al Alto del Perdón.

La subida por sendero al Alto del Perdón no tendría gran misterio si no fuese por lo pedregoso del firme, que hace que algunos tramos sean difícilmente ciclables. Además, los dos últimos kilómetros presentan un desnivel medio superior al 8%, que no es moco de pavo. Al coronar nos saludan estas curiosas esculturas de metal.





Salgo con las primeras luces del alba, siguiendo el rosario de peregrinos de a pie que ya marchan en dirección al puerto. La subida hasta Zariquiegui transcurre por una pista botosa pero llevadera. Lo duro empieza a la salida del pueblo: la pista se estrecha hasta convertirse en un estrecho y empinado sendero pedregoso donde a veces tendremos que poner pie a tierra. Por suerte, todavía hace fresco y el alto no es demasiado largo. Entre pitos y flautas corono la principal dificultad montañosa del día antes de las ocho de la mañana.

De acuerdo con las guías que llevo (y con sus "detallados" perfiles) a partir de aquí debería ser todo bajada ¿verdad?

Pues no.

Pero no adelantemos acontecimientos. La bajada del Perdón, que muchas guías califican de trialera e impracticable para las bicis, resulta ser relativamente cómoda y bastante divertida. Es algo empinada y hay muchas piedras, pero no es necesario poner pie a tierra en ningún momento. Sin equipaje habría bajado volando, pero todavía no estoy acostumbrado del todo al peso y además hay caminantes por un tubo. Calma.

El descenso del Alto del Perdón termina en una pista en buen estado que nos ofrece estupendas vistas de los tranquilos valles navarros
La bajada acaba en una pista en muy buen estado, que nos lleva a través de un cómodo sube y baja hasta Óbanos.

Contra todo pronóstico -es sábado del mes de agosto y no son ni las ocho de la mañana- en dicha localidad encuentro una tienda de alimentación abierta.

Tengo un hambre de lobo. Compro unos sugus para el camino, unos pistachos y un plátano. Para rematar me ventilo un litro de yogur líquido. Mejor así.

La plaza de Óbanos, presidida por la iglesia de San Juan Bautista

En Óbanos el Camino toma dirección Logroño, llevándonos por pistas forestales y caminos asfaltados a través de localidades con gran encanto como Puente la Reina, Cirauqui o Estella.


El famoso puente románico del siglo XI que da nombre a Puente la Reina

A la salida de Puente la Reina las guías me llevo una sorpresa: el Alto de Mañeru. Comienzo a desconfiar del perfil de la guía, que situaba Mañeru ¡en una hondonada!

El puerto no es especialmente largo, puesto que no llega al kilómetro y medio. Sin embargo, el desnivel medio supera el 9%. Entre lo inesperado de la situación y el peso del equipaje la subida se me atraganta un poco. A golpe de sugus llego arriba resoplando, pero sobre la bici.

Las calles de Puente la Reina
Pasado el alto el camino pasa por la antigua calzada romana de Cirauqui. Por allí me cruzo a dos bicigrinos "de carretera" que me dicen que a partir de Lorca es todo bajada. Me gustaría creerles a pies juntillas, pero me acabo de pegar un calentón interesante para subir Mañeru. En estas cosas es sano desconfiar.

Muchos de los pueblos que atravesamos son realmente bonitos. Visitarlos, eso sí, tiene un precio. De hecho, empiezo a discernir un patrón que se repetirá casi sin excepción a lo largo de los próximos días:

El Camino siempre pasa por las iglesias...

...que están situadas en el punto más alto de los pueblos...

...que a su vez están situados en lo alto de empinados repechos.

En otras palabras: visitar cualquier pueblo es sinónimo de ascenso corto y duro y posterior bajada.

En Lorca abandono el camino y tomo un rato la carretera. Son ya las 11 de la mañana y pronto va a empezar a apretar el calor. Voy con un poco de retraso, porque todavía estoy descubriendo el significado de "sube y baja". El caso es que estoy marcando una velocidad media de unos 15km/h, que es bastante baja para lo que estoy acostumbrado en mis salidas de fin de semana.


Al fondo, Cirauqui


La bajada hasta Estella es bastante llevadera, pero la posterior subida hasta Villamayor de Monjardín tiene su miga. A partir de Urbiola hay un tramo bastante llevadero hasta Los Arcos. Por carretera vuelo en comparación con los senderos y recupero de largo el tiempo perdido. En seguida recorro los 10km que me separan de dicho pueblo, llegando a Los Arcos algo después de las 12.00.

Es el km 60 de la etapa, es decir, dos tercios de la distancia total, más o menos.

Todavía sigo un poquito más antes de parar, hasta Torres del Río. En ese momento, mi idea era hacer una parada en dicho pueblo, descansar, y dejar los 20km que faltaban para la tarde, con la caida del sol. Sin embargo, me acuerdo de que ayer, a las 9 de la noche, todavía hacía un calor de mil demonios. O sea, que hoy a lo mejor tampoco afloja.

Como no estoy acostumbrado a distancias tan largas he pensado que lo mejor era prevenir posibles pájaras y hacer la parada larga lo más cerca posible de la meta. Así que me he tomado un bocata rápido en Torres del Río con ánimo de ponerme en camino a Viana lo antes posible.


Todavía poderando cómo es posible que esté malo un bocata de queso, abordo los 10km que me separan de Viana, último pueblo navarro del Camino. Llegados a este punto, el calor es ya protagonista indiscutible. Por medio quedan las subidas a la Virgen del Poio y al barranco de Cornava, que tienen su miga.

Finalmente, a la vuelta de una curva aparece el casco antiguo de Viana.

E inmediatamente después, metida en el valle, Logroño.

Son las 14.00.
Ya sé que soy incorregible, pero es que está a huevo: me da que hoy no va a haber parada larga. Bajo a Viana, descanso un pelín, y tomo camino de la capital riojana. De Viana a Logroño apenas hay otros 10km, pero ya hace mucho, mucho calor. Aunque es un trayecto corto y cuesta abajo, paro en cada fuente a refrescarme. Además, he hecho una parada técnica en un chiringuito, donde he engullido un litro y medio de Aquarius sin pestañear.


En el albergue municipal de Logroño encuentro una curiosa maceta, hecha con una bota que se dejó un peregrino
El albergue municipal está un par de minutos después de cruzar el puente sobre el río Ebro. Las instalaciones parecen bastante nuevas, existe la posibilidad de guardar la bici bajo llave y el precio es asequible (6€). Además hay muchos peregrinos y ambiente de tertulia. Así que aquí me quedo.

Pensaba acabar la etapa bastante más avanzado el día, así que estoy encantado. Aprovecho la tarde para ducharme, lavar la ropa, tomarme una horchata y comprar cena para hoy y desayuno para mañana.

No conocía Logroño y la verdad es que merece la pena darse una vuelta por su casco antiguo. A ver si un finde de estos me vengo por aquí a ver la ciudad con más calma...

Mientras planifico la etapa de mañana cómodamente sentado en un banco de la plaza de la Catedral me defeca un pájaro en la cabeza. Se me queda cara de tonto. Logroño es muy bonito pero sus pájaros tienen muy mala leche.

A eso de las 9.30 toca irse a descansar. Tampoco hay muchas más opciones, porque casi todo el mundo ha tomado ya camino del sobre para entonces. Parecemos los Lunnis.

Mañana llega la etapa reina, con 130km de recorrido hasta Burgos y los 90 de hoy exceden de largo mi distancia habitual. Tengo las piernas un poco doloridas. Veremos si recupero.

La verdad es que me podía haber tomado el día con más calma, pero he corrido bastante por el miedo al calor de las horas centrales del día y por las ganas que tengo de llegar a sitios nuevos. Además, rodando solo y siendo lego en materia de patrimonio histórico-artístico no hay mucho más que hacer que dar pedales y sacar alguna foto.

Quitando el tema de la distancia, parece que la etapa de mañana es más suave que la de hoy. De todas maneras no me fío. Lo de hoy se me ha hecho largo. Además he aprendido que los perfiles de las guías son poco fiables.