10 ago. 2012

Etapa 1. Roncesvalles - Zizur Menor (53km)


En esta primera etapa perderemos muchos metros de cota para llegar desde Roncesvalles a Zizur Menor. Aunque no conviene subestimar los muchos repechos que encontraremos en el camino -sobre todo al principio- se trata del inicio perfecto: pocos kilómetros y perfil descendente (pulsa sobre la imagen para verla más grande).


Una ola de calor africano, un sol de justicia y unas temperaturas superiores a los 40ºC han sido los principales ingredientes del primer día de Camino.
 
La iglesia de Santiago, del siglo XIII, nos da la
bienvenida al idílico entorno de Roncesvalles
Pero comencemos por el principio. Superado el trayecto nocturno Madrid-Pamplona, con su inevitable transbordo en Soria, el bus a Roncesvalles de esta mañana me ha resultado francamente reconfortante: los cerrados bosques navarros, los verdes pastos alpinos con sus vaquitas Milka y las pequeñas aldeas de montaña sin duda presagiaban un gran día de bici.

A pesar de haber desembarcado en Roncesvalles a las 11.30 de la mañana he tardado un poco en ponerme en marcha. Tenía que montar la bici y el equipaje, además de sellar por primera vez la credencial del peregrino y comer algo para no empezar en ayunas.

También ha habido tiempo para las despedidas: mientras montaba la bici en la estación de autobuses de Pamplona he conocido a otro bicigrino que estaba en las mismas que yo. Es curioso cómo el espíritu del Camino lo permea todo desde el principio: cada persona con la que entablas conversación, y sé que serán muchas a lo largo de estos próximos días, es un amigo de toda la vida. Sin embargo, el colega venía directamente desde el trabajo, por lo que llevaba muchas horas sin dormir y no pensaba echar a rodar hasta mañana. 


El cartel dice que quedan 790 kilómetros a Santiago. Durante el Camino son recurrentes este tipo de señales, pero Santiago está tan lejos que ni te lo planteas. Sólo en las últimas etapas, una vez la distancia a la meta baje de 200 kilómetros, la ciudad santa dejará de parecernos una entelequia.

Antes de arrancar recojo una piedra del suelo y la meto en la mochila. Es tradición que los peregrinos lleven una desde el comienzo de su periplo y la depositen a los pies de la Cruz de Hierro, en los montes leoneses. Creo que llevar la piedra es algo así como una penitencia por los pecados: una vez la sueltas, se supone que encuentras algún tipo de liberación de las ataduras de lo material. La verdad es que no entiendo mucho el rollo, porque para eso lo suyo sería llevarla hasta la Plaza del Obradoiro; pero todo sea por cumplir con la tradición.

El trayecto hasta el Alto de Mezkiritz transcurre por senderos estrechos, alternando zonas de bosque parecidas a las corredoiras gallegas con otras de pastos verdes. A menudo encontramos rampas pedregosas de fuerte desnivel, que cuesta superar sobre la bici debido a lo inestable del firme. El desnivel medio de la subida algo superior al 7%, aunque su kilómetro escaso de longitud es demasiado corto para hacer mella. En la bajada hay que llevar cuidado para no salirse, ya que los senderos han sido enlosados y presentan algunos tramos de escalones en curva.

A lo largo del día circularemos por bellos senderos a la sombra de robles, hayas y abedules.

Por fortuna, el agua casi nunca falta a lo largo de la primera etapa de nuestro itinerario. Cuando no es un riachuelo, es una fuente o un manantial. Además, el Camino está salpicado de pueblos donde repostar.

¡Cuidado con las bajadas!

A pesar de disfrutar mucho, voy bastante despacio. Entre las fotos y las paraditas para recolocar el equipaje, resulta que hacia las 14.30 sólo he recorrido unos 10-12km. Hace mucho calor –y más que va a hacer- por lo que no me mola nada ir tan despacio. Además, a este ritmo no hay forma humana de cubrir la distancia que tengo prevista para hoy.

Para complicar más las cosas, me despisto en Lintzoain y me salgo de la senda de flechas amarillas. Como no quiero perder más tiempo, y teniendo en cuenta que desandar camino implica recuperar bastante cota, opto por subir el Alto de Erro por la carretera.

Por suerte hay poco tráfico. El puerto no es muy duro (unos 2.5km al 4.5%), pero hace mucho calor y pronto se me acaba el agua. Además, aunque he restringido el equipaje al mínimo la bici sigue pesando seis kilos más de lo habitual, y eso se nota (sobre todo, no habiendo practicado con peso antes). Durante la subida toca hacer alguna paradita a la sombra. Y aun así llevo un calentón importante. Creo que he llegado a tener un principio de golpe de calor, porque en un momento determinado han hecho aparición las nauseas.

En días de tanto calor, la sombra es una bendición del cielo.


Finalmente he coronado Erro hacia las tres y media de la tarde con una visión celestial: junto al cartel marrón del puerto hay un chiringuito donde reponer fuerzas. Tienen fruta y bebidas frías. El hombre me informa de que es todo bajada hasta Zubiri, pero que no vale la pena ir por sendero porque “está muy mal para la bici”. Así que continúo por carretera. En total, 9km de bajada rápida atravesando bancos de mosquitos. He tragado por lo menos tres kilos.

Fortalecido por la ingesta de tanta proteína invertebrada no he tardado en llegar a Zubiri. A todo esto me he dado cuenta de que por carretera se avanza mucho más deprisa. Como todavía estoy muy lejos de Pamplona -y es relativamente tarde- decido "trampear" un poco por el asfalto y hacer unos cuantos kilómetros rápidos.

Como el asfalto es menos atractivo, acabo por abandonarlo en Zuriain. Allí se toma un sendero cada vez más estrecho que va bordeando el río Arga, curso fluvial que no abandonaremos hasta la mismísima entrada de Pamplona. Hay varias fuentes, aldeas bonitas e incluso alguna poza. En algún tramo el sendero es algo más pedregoso y con caída fuerte por el lado izquierdo, pero es siempre practicable.

El Camino discurre entre bellas aldeas y caseríos. Es claramente más bonito y entretenido que la carretera.


Zabaldika esconde una agradable sorpresa para un ciclista acalorado:

Con 40ºC de temperatura y muchos kilómetros a nuestras espaldas es imposible hacerle ascos a un baño

Al salir de Zabaldika el sendero se incorpora de nuevo a la carretera durante unos kilómetros. Cerca de Villaba, patria chica del gran Miguel Induráin, tomo una agradable vereda fluvial que llega hasta Pamplona. Se entra en la ciudad por el Puente de la Magdalena, subiendo una pendiente bastante pronunciada hasta el casco antiguo. Aquí huele a sanfermines.

Las calles de Pamplona son todavía más bonitas de lo que vemos en la tele. Desde luego, el casco antiguo se merece un paseo tranquilo y muchas, muchas fotos.

Como en esta vida hay gente para todo en todos los sitios, también me ha acontecido un incidente algo desafortunado. Nada más entrar en el casco antiguo, en la calle del Carmen, he visto una tienda de bicicletas. Como los frenos me venían dando algún problema he entrado a preguntar si les podían echar un vistazo. El gesto torcido del dependiente, unido a otros elementos del entorno, me ha dado a entender que mi "hola" con acento madrileño sonaba mal entre esas cuatro paredes. En un pis-pas, el hombre me ha transmitido claramente que no me iba a hacer ni puto caso que no tenía ningún interés en atenderme.

Respeto todas las sensibilidades, así que educadamente le he dado las gracias por su tiempo y me he ido a buscar otra tienda.

La entrada a Pamplona está francamente bien acondicionada para los ciclistas


En la plaza Consistorial, he preguntado a una amable señorita de la oficina de turismo por una tienda de bicis. Con la mejor voluntad, ella me ha remitido precisamente a la referida, por lo que le he explicado que venía de allí y que no me había servido de mucho. Se le ha escapado un “ya estamos”, y después, con gesto de disculpa me ha dicho “aquí a veces es así ¿sabes?, lo siento”. Yo le he contestado que no se preocupase y que no tenía que disculparse, que ha sido un hecho aislado y que mi impresión de Pamplona y de los pamplonicas es excelente.

De hecho, en repetidas ocasiones a lo largo del día he pedido indicaciones sobre el camino a muchas otras personas, y todas ellas me han respondido de manera amable, con simpatía y voluntad de ayudar.

Una vez en Pamplona el trabajo está casi hecho

La señorita me ha recomendado una segunda tienda, llamada Oraintxe. El mecánico no estaba, por lo que sólo me han podido mirar las cosas de forma superficial. Eso sí, el trato humano ha sido excelente.

Con objeto de comenzar la etapa de mañana fuera del tráfico del casco urbano he optado por pasar la noche en Zizur Menor, un pequeño núcleo de población situado a unos 5km de Pamplona.

He llegado hacia las seis de la tarde, y he encontrado plaza en el albergue de Marisa Roncal. Cuesta 10€ pero permite guardar la bici bajo llave en una habitación destinada a tal efecto. En muchos foros se dice que dejar la bici a buen recaudo por la noche no tiene precio, así que no me ha importando mucho que el albergue saliese un pelín caro. Además, a pocos metros hay una pequeña tienda de alimentación donde he podido comprar la cena de hoy y el desayuno de mañana por cuatro duros. Con eso se compensa.

Tras unas llamadas de teléfono rápidas a mi chica y a mi familia, y un repasillo a los frenos toca irse pronto a dormir. Mañana tenemos 90km por delante.