23 ago. 2012

Epílogo: consejos para el Camino de Santiago en bici

La Compostela es el documento que acreditará que hemos completado el Camino. Se obtiene en la Catedral de Santiago, donde tendremos que enseñar antes nuestra credencial del peregrino debidamente sellada.


Llegados a este punto, y desde la atalaya que me proporciona haber terminado mi primer Camino en bici, ha llegado el momento de pontificar con el dedo en alto.

Bueno, no. Es broma. Los consejos que ofrezco a continuación son fruto de mi propia experiencia, por lo que pueden diferir de los que os darían otros bicigrinos más veteranos. A la hora de preparar vuestro propio Camino será cuestión de contrastar opiniones y actuar en consecuencia.

Yo sólo puedo decir que me ha ido bien así.

 
EL ENTRENAMIENTO

El entrenamiento es importante pero no debe convertirse en una obsesión.

Si montas con cierta frecuencia posiblemente te vale con una puesta a punto. Te puedo poner mi ejemplo. Durante el invierno yo suelo salir una vez por semana, y hago alrededor de 30-40km por los alrededores de Madrid (quien que conozca el entorno de la capital sabrá que está trufado de continuos repechitos, pero que no es un terreno especialmente exigente). Partiendo de esa base, he hecho un entrenamiento específico para el Camino durante el mes inmediatamente anterior. El entrenamiento ha consistido en hacer alrededor de 700km repartidos en 20 días, es decir, una media de 35km diarios. Es verdad que me he exigido en las salidas para compensar la falta de kilometraje, pero sin hacer locuras. También he intentado rodar varios días seguidos cuando me ha sido posible con ánimo de que el cuerpo se acostumbrase al esfuerzo continuado.

Con eso no he tenido problema para promediar unos 100km al día en el Camino. Y, desde luego, no intentaba batir ningún récord.

A partir de ahí debes sacar tus propias conclusiones.


LAS COMIDAS

La comida va por gustos. Yo he ido en plan low-cost porque no me importa comer y cenar de bocata, coca-cola, fruta y chucherías a diario. La verdad es que casi no he probado casi nada caliente: sólo una pizza en Frómista, un filete con patatas en el hostal donde pernocté en Burgos y una tortilla de queso la noche que pasé en Santiago. Casi todo lo demás, quitando algún bocata puntual en algún bar, ha venido directamente de la estantería del supermercado.

Todas las tardes, después de aposentarme en el albergue y darme una ducha, salía a dar un paseo y a comprar algo para cenar y el desayuno del día siguiente (saliendo a las seis de la mañana es difícil encontrar sitios donde desayunar). Habitualmente he hecho la compra en supermercados, puesto que tiende a salir más barato. En conjunto he gastado unos 15€ diarios en comida. Incluyo ahí también la comida principal del día y las distintas paradas para reponer fuerzas durante la marcha, que solían ser más en tiendas de alimentación que en bares.


A lo largo del Camino Francés encontramos multitud de tiendas de alimentación donde aprovisionarnos a precios muy competitivos. Es por ello recomendable no llevar la comida a cuestas. Si optamos por otros itinerarios, como el Camino Primitivo o la Vía de la Plata, encontraremos que la distancia entre puntos de aprovisionamiento es, por lo general, bastante mayor. Por tanto tendrá más sentido llevar el alimento con nosotros.
He visto que mucha gente compraba toda la comida del día en el punto de partida y se la iba zampando a medida que avanzaba la jornada. No me parece descabellado en el caso de los caminantes: normalmente tardan mucho en llegar de un pueblo a otro, por lo que el hambre les puede sorprender en cualquier sitio. Sin embargo, creo que tiene mucho menos sentido en el caso de los ciclistas, ya que nosotros cubrimos las distancias mucho más deprisa. De hecho, me atrevo a decir que muy pocas veces tardamos más de media hora en enlazar dos pueblos consecutivos (quitando las zonas de montaña). Por ello pienso que en nuestro caso no es necesario pasear la comida de un lado para otro. Podemos comprarla directamente según vayamos llegando a cada sitio. Gastaremos exactamente el mismo dinero y reduciremos el peso a transportar.

Sí es conveniente llevar siempre alguna cosilla en la bolsa del manillar que nos permita echarnos algo en el buche a cada rato: una lata de aquarius, unos frutos secos o unos caramelos pueden salvarnos de una buena pájara.

Otros bicigrinos prefieren comer siempre caliente y tomar cañas o cafés a cada rato. Si te decides por esa opción posiblemente comerás mejor, pero también te saldrá algo más caro (yo calculo que un mínimo de 30-40€ por día, dependiendo de los sitios, el menú y el número de consumiciones).


EL ALOJAMIENTO

En el Camino Francés hay un albergue en cada esquina. El precio de los albergues suele andar entre cero (donativo libre) y diez euros. Por esas módicas cantidades tendremos derecho a comodidades básicas como una cama donde dormir, un baño donde darnos una buena ducha y un pilón donde lavar la ropa. Para acceder a los albergues deberemos presentar siempre nuestra credencial del peregrino.


Los albergues constituyen un punto de reunión entre los peregrinos

Aunque la mayoría de los albergues están aceptablemente limpios, los hay cuyas condiciones higiénicas dejan algo que desear. Por ello es conveniente llevarse un saco de dormir compacto (cuya bolsa con la toalla dentro puede servirnos de almohada) y unas chanclas.

Los albergues nos permiten además hacer amigos, ya que casi siempre es fácil entablar conversación con nuestro compañeros de habitación. Esta es, sin duda, una de las partes más recomendables y entrañables del Camino.  


EL EQUIPAJE

El equipaje es crucial, ya que todo el peso muerto que llevamos encima incide negativamente sobre nuestra capacidad de esfuerzo.

La mayoría de la gente recomienda llevar una mochila a la espalda o alforjas en el transportín, siendo la segunda opción la preferida por los veteranos.

Yo abogo por una tercera vía. En mi opinión, la opción buena es acoplar una mochila pequeña, tipo camelback, al transportín. Lo que no quepa ahí es peso de más.

La mochila es incómoda para trayectos largos y puede ocasionarte rozaduras y otras lesiones, mientras que las alforjas invitan a meter más cosas de las que realmente necesitamos. Además, tenderán a desequilibrarnos en los descensos si no repartimos adecuadamente el peso. Para otro tipo de travesías, con menos puntos de avituallamiento, no dudaría en recomendar estas últimas (acompañadas de una saludable dosis de prudencia). Sin embargo, en el Camino Francés hay todo tipo de servicios cada pocos kilómetros, a menudo a precios muy competitivos, por lo que no vale la pena pasear bultos de un lado para otro.

Algunos de los puntos de avituallamiento que encontraremos son de lo más pintoresto: en la imagen, el Mesón Cowboy.

Los seis kilogramos escasos de equipaje que llevaba en el transportín han sido objeto de más de una mirada de envidia por parte de otros bicigrinos. Algunos incluso me han dicho que han tenido que mandar a casa cosas por Seur, y que ojalá hubiesen ido así de ligeros.

Sólo puedo decir que estoy muy contento con mi política de equipaje y que no he echado nada en falta...

Bueno, en realidad sí, alguna cosilla me ha faltado. Eché en falta un bote pequeño de grasa para la bici en Lédigos (por suerte, mis amigos cartageneros me dejaron un poco) y unos guantes largos la mañana de Ponferrada porque hacía fresquete, pero nada más. Errores de principiante, claramente. Sin embargo, ambas cosas habrían cabido en la camelback, por lo que me reafirmo en mi postura.


LAS GUÍAS Y LA ORIENTACIÓN EN MARCHA

Para ser una ruta lineal de cientos de kilómetros a través de zonas rurales y pueblecitos perdidos de cuatro comunidades autónomas distintas, el Camino está francamente bien señalizado.

Aun así, habrá algunos momentos donde sea más fácil perder el itinerario de flechas amarillas, sobre todo en el interior de los núcleos urbanos más importantes. Si nos ocurre, lo más socorrido es buscar gente andando con la mochila a la espalda y seguir su estela. Eso casi nunca falla. Alternativamente podemos ir a la iglesia o catedral de turno, ya que el Camino nunca deja de lado los templos importantes. No podemos olvidar que esta peregrinación tiene su origen en un acendrado sentir religioso.

Flechas, cruceiros, carteles, vieiras, mojones... el Camino Francés está sorprendentemente bien señalizado, por lo que orientarse no es difícil. Aun así, perderse no resulta del todo imposible (sobre todo en los núcleos urbanos), así que atención a las bifurcaciones.
Hoy en día disponemos de avanzados sistemas de orientación como la tecnología GPS. Sin embargo, las guías nos proporcionarán un buen apoyo a la hora de planificar las etapas y dosificar los esfuerzos de un día para otro.


LA PLANIFICACIÓN DE LAS ETAPAS

Muchas personas aconsejan planificar el Camino dejando algún día (o días) intermedios de descanso. No olvidemos que una avería o una lesión pueden dejarnos fuera de combate durante algún tiempo.

Yo salí con ánimo de tardar once o doce días y sin billete de vuelta a Madrid. Al final tardé ocho días y tuve que hacer una noche en Santiago (cosa que no tenía prevista). Las cosas podrían haber salido de cualquier otra manera y (quitando situaciones trágicas) esta estrategia me habría dado suficiente margen de adaptación. Por ello creo que fue la acertada. No dudaría en recomendar que todo el que pueda haga las cosas así.

Al final de la jornada, nada mejor que un paseo

Una vez en marcha, cada uno hace el Camino como quiere: unos peregrinos disfrutan más la parte "deportiva", es decir, de pasar muchas horas sobre la bici y de cubrir muchos kilómetros al día; otros, por su parte, dan prioridad a relacionarse con los demás peregrinos y prefieren parar a menudo para disfrutar del entorno. Tampoco falta quien se lo toma como un ejercicio introspectivo o quien va con ánimo de salir de fiesta por las noches.

Todas las actitudes son válidas. Lo importante es disfrutar de la experiencia con el objetivo que cada uno lleve en mente, sea este espiritual, religioso, lúdico, deportivo o turístico.

Siendo un perfecto inculto en materia de patrimonio histórico-artístico, teniendo todo el tiempo del mundo para pedalear y, sobre todo, yendo solo, yo he terminado por inclinarme más por la vertiente deportiva.

Sin embargo, creo que hay una regla que puede servir en todos los casos: conviene dedicar un tiempo a preparar la etapa de cada día durante la noche anterior, estableciendo hasta qué localidad sería deseable llegar teniendo en cuenta que siempre pueden surgir contingencias que alteren nuestros planes.

Personalmente yo me marcaba tres destinos posibles: "quiero llegar hasta A, pero si veo que voy bien de fuerzas y de tiempo seguiré hasta B; si por el contrario el día no acompaña o sencillamente no me apetece rodar más me quedaré en C". Con eso evitaba presionarme excesivamente con los kilómetros a cubrir y también evitaba eternizarme con etapas demasiado cortas.


EL CASCO

Algún lector del blog me ha preguntado por qué nunca salgo con el casco puesto en las fotos. Me parece una apreciación válida, ya que

EN BICI HAY QUE LLEVAR SIEMPRE EL CASCO

Si en las fotos (en las que siempre salgo parado) aparezco sin él es porque dejándomelo puesto no se me ve la cara. Simple y llanamente.

Desde luego, no me lo he llevado para pasearlo en plan peso muerto sobre el manillar a lo largo de los ochocientos kilómetros que separan Roncesvalles de Santiago.

Espero que vosotros tampoco. :)

Rodar acompañado es siempre deseable, puesto que hace más seguro y llevadero el Camino. En la imagen, mis amigos cartageneros cruzando el puente medieval de Hospital de Órbigo.


LOS PÁJAROS

Los pájaros son seres emplumados que se caracterizan por la frenética actividad de su aparato excretor, mucho más desarrollado que el de los demás seres vivos.

Para evitar situaciones desagradables es conveniente no arrimarse mucho a las paredes, ya que estas simpáticas criaturas tienden a posarse en los aleros. Alternativamente podemos quedarnos con el casco puesto cuando nos sentemos a descansar a la sombra, sobre todo si hay alguna fuente cerca para lavarlo después.


LOS CAMINANTES

A lo largo del Camino nos daremos cuenta de que estamos en franca minoría con respecto a los caminantes; no así con respecto a los jinetes, que son muy poquitos. Aunque nos moveremos más rápido que ellos, conviene saber que ambos colectivos tienen prioridad de paso sobre las bicicletas, por lo que es necesario extremar la paciencia y la educación allá donde nos crucemos.

La catedral de Santiago de Compostela
Aminorar la velocidad cuando vayamos a adelantar a unos y otros es más que recomendable, sobre todo teniendo en cuenta que la bici es más silenciosa de lo que nosotros pensamos, y que frecuentemente no nos oirán llegar hasta que estemos prácticamente encima. Esto es especialmente importante en el caso de los caminantes, puesto que se mueven más despacio que nosotros y a menudo lo hacen torpemente debido a las ampollas y dolores en las articulaciones que les produce la marcha. En el caso de los jinetes lo importante es no espantar al caballo, puesto que esto puede tener consecuencias imprevisibles.

Recomiendo encarecidamente llevar un timbre en el manillar. Yo no llevé uno porque me parecía que era cosa de niños pequeños y bicis con ruedines, pero me he dado cuenta de que resulta extremadamente útil para avisar a los caminantes y a los caballos de que nos estamos aproximando. Así nos ahorraremos frenar hasta casi pararnos en muchas ocasiones. Además, siempre es más agradable avisar con un golpecito del timbre que con un "¡BIIIICIIIII!" a grito pelado.

Es frecuente que los caminantes ocupen el ancho de la vía. Para pedir paso resulta extremadamente útil llevar un timbre.
También es bueno ser agradecidos con las personas que nos dejan paso. Entre los caminantes (no los del Camino, sino en general) los bikers tenemos una merecida fama de maleducados, cuando no de kamikazes, debido a nuestra costumbre de pasar a toda leche junto a ellos por estrechos senderos pedregosos. En algunos sitios, léase por ejemplo la Sierra de Guadarrama, la bici de montaña comienza a estar proscrita. No me cabe la menor duda de que esto en parte porque las muchas quejas que las administraciones públicas reciben en este sentido. Creo que las cosas mejorarían bastante si realizásemos estas maniobras de forma menos ostensible y nos girásemos para dar las gracias cada vez que un caminante se aparta para facilitarnos las cosas.

No podemos olvidar que el Camino es de todos, y que la libertad de uno siempre termina donde empieza la de los demás.



En fin. Con estos últimos comentarios sobre la moral y las buenas costumbres se me ha acabado el rollo. Espero que te sea útil a la hora de planificar tu propia aventura.

Buen Camino, bicigrino.



18 ago. 2012

Sobre guías, perfiles y otras cosas

Aunque el Camino está bien señalizado en todo momento, las guías resultan bastante útiles para saber lo que nos queda y planificar nuestros esfuerzos en consecuencia.

Ya estoy de vuelta en casa.

La última noche en Santiago fue un poco estresante. Sólo me planteé la cuestión del retorno a Madrid una vez recogí la Compostela y me despedí de Iván y de su familia.

Como ya conocía Santiago de Caminos anteriores, y además iba solo, contaba con comprar un poco de papel film para envolver la bici y sacar un billete nocturno de vuelta. No llevaba el billete cerrado porque, como ya he comentado en entradas anteriores, no tenía ni idea de cuántos días iba a tardar en recorrer el Camino desde Roncesvalles.

Sin embargo, para cuando quise hacer las gestiones eran ya las ocho de la noche y ya no quedaban billetes de tren ni de autobús.

Tal como estaba Santiago de peregrinos, tenía miedo de no encontrar alojamiento barato, sobre todo por el tema de la bici. Por fortuna, encontré una pensión enfrente de la estación de autobuses en la que me dejaron subir la bici a la habitación para envolverla. No recuerdo el nombre, pero sí que está en la avenida de Lugo y que tiene un pequeño bar en la planta baja.

Por si alguien tiene curiosidad, para empaquetar la bici necesité tres rollos de 30 metros y otro más de cinta de carrocero para repasar las zonas más "punzantes" (pedales, etc). También diré que resultó ser en vano, porque junto con mi bici entraron en el maletero del Alsa otras dos a las que sólo les habían quitado la rueda delantera.


En fin. El propósito de esta entrada es hacer algún comentario sobre las guías que he utilizado para el Camino. He esperado al final porque quería hablar con conocimiento de causa.

Cada noche, en el albergue, he dedicado un rato a planificar la etapa del día siguiente.

En todo momento he ido por sensaciones, estableciendo dos o tres destinos posibles para cada día. Dada mi falta de experiencia en travesías largas, me ha parecido que era una forma de no "meterme presión" a mi mismo.

Al final han salido ocho etapas como podían haber salido siete o quince. De hecho, mi estimación inicial era haber cubierto la distancia de Roncesvalles a Santiago en once o doce jornadas.

Mi credencial del peregrino


Sea como fuere, las guías constituyen una ayuda inestimable a la hora de planificar las etapas. Yo me he llevado dos:

- El Camino de Santiago en mountain bike (Juanjo Alonso): Es posiblemente la guía más utilizada por los bicigrinos. Siguiéndola al pie de la letra completaremos el Camino en once etapas desde Roncesvalles hasta Santiago. Contiene información sobre albergues y conjuntos monumentales, además de las percepciones personales del autor. Nos ayudará a escoger adecuadamente cuando el Camino nos presente distintas variantes. Una ventaja muy importante de esta guía es que es de las pocas que están pensadas especialmente para ciclistas, con todo lo que ello conlleva. Por el contrario, los mapas y perfiles son relativamente poco detallados y contiene algún error en las distancias (dice, por ejemplo, que la etapa entre Burgos y Carrión tiene 98km cuando en realidad anda por los 82). El formato es un poco incómodo, puesto que resulta demasiado grande para llevarla a cuestas sin estropearla.

- Camino de Santiago (Guía Michelín): Por tamaño y diseño es extremadamente práctica. Cada etapa ocupa una hoja, donde tenemos el perfil por una cara y un detallado mapa de carreteras y caminos por la otra. Cabe perfectamente en un portamapas de manillar, por lo que podremos consultarlo en marcha dándole la vuelta a voluntad dependiendo de la cara que queramos consultar. Está pensada para caminantes, puesto que las etapas que propone son de unos 20-25km diarios. Por tanto, deberemos decidir cuántas etapas queremos completar cada día (en mi caso, casi siempre entre tres y cinco). Incluye un listado de los servicios que encontraremos en cada población y las distancias son bastante exactas. En su debe hay que decir que algunos perfiles son poco fiables, por lo que no hay que creérselos demasiado. En particular, tiende a ignorar muchos de los repechos cortos (y duros) que encontraremos en nuestro camino.

En conjunto, ambas guías se complementan bastante bien. A pesar de sus pequeños defectos y de mi paranoia con el peso no me arrepiento de haber llevado ninguna de las dos.

Sin embargo, el tema de los perfiles sí me parece un error de bulto. Los que he incluido al principio de cada entrada, sin ser perfectos, son bastante más orientativos que los que encontramos en cualquiera de estas publicaciones.


Hay que tener mucho cuidado con los perfiles de las etapas que nos proporcionan la mayoría de las guías, puesto que nos llevaremos sorpresas desagradables si nos fiamos demasiado de ellos. La razón es que, por motivos de diseño gráfico, tienden a sobresimplificar la orografía del recorrido.


Para los que no queráis compraros las guías existen otras opciones. Al que tenga GPS le recomiendo que se baje los tracks del Camino de cualquier web (con esos vas en moto, aunque son menos prácticos para consultarlos por las noches). Si no tienes GPS, es recomendable llevar unos perfiles fiables impresos.




17 ago. 2012

Etapa 8. Sarria - Santiago de Compostela (116km)

Última etapa. Superado O Cebreiro no quedan puertos de consideración, pero los continuos repechos que presenta el recorrido hacen de esta etapa una de las más duras del Camino.  

Hoy me he levantado con dudas: como decía en la entrada anterior, 116 kilómetros "gallegos" no son lo mismo que 116 kilómetros "burgaleses". La principal diferencia estriba en que los primeros son accidentados, mientras que los segundos son llanos. Ayer, mirando el perfil de la etapa me llegué a plantear hacer noche en Arzúa o en O Pedrouzo y dejar una jornada corta -llamémosla "triunfal"- para mañana.

Pero la tontería me ha durado poco. En una de las primeras subidas del día me he vuelto a encontrar a Iván, el bicigrino del albergue de Molinaseca. Como le he visto hablador, me he puesto a rodar un rato con él. El caso es que el tío iba empeñado en llegar a Santiago hoy mismo, alentado por la idea de encontrarse con su mujer y su hija recién nacida esta tarde en la Plaza del Obradoiro.

Y con tanta insistencia ha terminado por contagiarme el entusiasmo.

Para no perder la costumbre, salgo de Sarria con los albores del nuevo día
El hombre me ha ido contando que hace todo tipo de deportes de fondo, y que anda detrás de correr un Ironman. La verdad es que cuando me ha dicho eso le he contestado que se fuese yendo por delante, que si eso yo ya llegaría. Pero se ha reído y me ha dicho que no, que íbamos juntos.

Y así ha sido.


Con Iván en Portomarín. Anda que no nos quedaba mili en ese momento...
Cruzando el Miño a la salida de Portomarín
 
Con permiso de la de ayer, la etapa de hoy es posiblemente la más bonita de todas. Corredoiras y prados verdes, aldeas atemporales, riachuelos cantarines... Todo ello en un contexto de repechos duros y descensos vertiginosos sin solución de continuidad.

También abundan los caminantes más que otros días: Sarria viene a marcar el límite para obtener la Compostela a pie, por lo que mucha gente empieza su Camino ahí y recorre el tramo que nosotros vamos a cubrir hoy hasta Santiago.

Las subidas están presentes a lo largo de todo el día, pero son especialmente duras en el entorno de Melide y de Arzúa, donde hay alguna "pared" realmente terrorífica.

El Alto de Barreira, casi al final de la etapa, se atraganta un poco por la acumulación de kilómetros. Aun así, se sube bien con el plato pequeño. El Monte do Gozo no reviste especial dificultad, ya que sólo tiene un par de rampas empinadas antes de llegar a Villamayor. A partir de ahí es coser y cantar hasta coronar en San Marcos.

La etapa de hoy trnscurre por bellísimos parajes. Entre las corredoiras deberemos cruzar algún riachulelo como el de la foto. Dan puntos si lo cruzas por el puentecillo de piedra.
La verdad es que hemos cubierto la etapa a buen ritmo, apenas parando a descansar. Sólo hemos hecho tres paradas en todo el día: una breve en Airetxe -motivada porque Iván ha roto las alforjas en un descenso-, otra a comer un plato de pasta en Melide, y una última en Salceda.

Esta última me ha venido francamente bien, porque después de comer estaba notando un poco la fatiga. Supongo que sería debido a los kilómetros de estos días, a los repechos y a la falta de costumbre de comer caliente y ponerme a rodar inmediatamente después. En cualquier caso, ha sido un bajón puntual. De hecho, en el último tramo de la etapa me he sentido bastante mejor. Al llegar a las subidas al Alto de Barreira y al Monte do Gozo ya había resucitado casi por completo (quizá por la cercanía de la meta).

Tras sacar la foto de rigor en esta última dificultad montañosa de la etapa, nos hemos lanzado al descenso final hacia la Plaza del Obradoiro.


En Galicia el Camino discurre siempre por entornos muy verdes. Abundan los tramos de sombra y el ambiente es más fresco que en días anteriores. La otra cara de la moneda son los abundantísimos repechos.

De los caminos que hice a pie recuerdo que los cinco últimos kilómetros, ya en las calles de Santiago, son siempre un torbellino de emociones. Y esta vez no ha sido una excepción.

A lo largo de toda la etapa de hoy me dolían las cervicales, como casi todos estos días. Creo que es por mantener la postura tanto tiempo. La bici está hecha polvo: apenas frena, tiene fugas de aceite en la suspensión y hay que hacer combinaciones complejas de piñones para cambiar de plato sin que se salga la cadena.

Sin embargo, cuando entras en esa zona mágica que es el casco antiguo de Santiago, se olvidan de golpe los dolores, los puertos y las averías. La bicicleta desliza sola por los adoquines y ya no cuesta pedalear.

Últimos trescientos metros.

Analizándolo fríamente, me cuesta creer que haya llegado hasta aquí. Pero el hecho es que es cierto, y que me queda para toda la vida la satisfacción de haber alcanzado sano y salvo la meta.  
  
¡Victoria!



16 ago. 2012

Etapa 7. Molinaseca - Sarria (105km)

La etapa de hoy es tan dura como bella. A lo largo de sus más de cien kilómetros atravesaremos poblaciones con tanto encanto como Ponferrada o Villafranca del Bierzo antes de acometer la terrible ascensión a O Cebreiro por los idílicos paisajes de La Faba. El veloz descenso, ya por tierras gallegas, nos lleva por las corredoiras del Monasterio de Samos hasta la emblemática localidad de Sarria (pulsa sobre la imagen para verla más grande) (*).


Llevo varios días oyendo a bicigrinos veteranos decir que a partir de Astorga "empieza lo bueno", y la verdad es que no se equivocan. No hay más que mirar el perfil de la etapa de hoy para darse cuenta de que toca otra kilometrada con más de mil metros de desnivel acumulado.

El día comienza con bastante fresquito. Al comienzo de la etapa estamos por debajo de los 8ºC. Como los guantes son cortos, llego a Ponferrada con los dedos helados. Confío en que el sol empiece a calentar pronto. No me queda otra.

No me he detenido mucho más allá de sacar la típica foto a la fortaleza templaria, porque hoy de nuevo tenemos más de cien kilómetros con un señor puerto de por medio: O Cebreiro.

La fortaleza templaria de Ponferrada saluda nuestro paso
O Cebreiro, que coronaremos en torno al kilómetro 60 de la etapa, tiene una longitud de unos 8,5 kilómetros con un desnivel medio algo superior al 7%. Sin embargo, hay un tramo de unos tres kilómetros -el que va desde el cruce de la Laguna de Castilla hasta dicha población- que ronda el 10% de media. Así que ojito.

Después va el Alto do Poio, que para algunos foreros y blogueros es "el tapado" del día. Tiene un kilómetro y medio al 5,5%. Con lo que ya llevo en las piernas creo que eso es peccata minuta. Ya veremos.

La salida de Ponferrada combina bellas zonas de urbanizaciones con tierras verdes de labor. La verdad es que me ha sorprendido favorablemente, a pesar de ser casi todo el tramo por asfalto. A la altura de Camponaraya tomamos una pista de tierra que nos lleva a través de unos cuantos repechos hasta Cacabelos y Villafranca del Bierzo.

A la salida de Cacabelos los repechos y bajadas abundan casi tanto como los viñedos


En las bajadas hay que tener cuidado con los peregrinos. El timbre -que yo no llevo- es un accesorio impagable en estas situaciones.
A la salida de Villafranca (otro pueblo donde vale la pena detenerse) el camino transcurre por el ya clásico andadero-pegado-a-la-carretera. Son bastantes kilómetros por el fondo del valle, viendo los imponentes viaductos de la A-6 muchos metros por encima de nuestras cabezas. Vamos a la sombra, por lo que a las diez de la mañana todavía hace frío. Sin embargo hoy tenemos el cielo muy despejado.

Al fondo Villafranca del Bierzo (o el pueblo de al lado, no lo tengo muy claro). En cualquier caso es bonito.

Si no fuera porque estamos en León, diría que estamos en Galicia.
Poco a poco vamos dejando atrás las pequeñas aldeas del valle, encaminándonos hacia el cruce de las Herrerías. Allí tenemos la primera de las dos encrucijadas que presenta la subida a O Cebreiro. En este caso escogemos subir por La Faba, abandonando la carretera principal. Pronto encontramos la segunda encrucijada, donde podemos elegir si queremos subir por camino o por pista de asfalto.

Dicen que la subida por camino es más bonita, pero que inevitablemente toca empujar la bici durante un buen trecho. La verdad es que he tenido la duda hasta el último momento, puesto que había leído distintas opiniones en internet. Finalmente llego a la conclusión de que no he traido la bici hasta aquí para empujarla, sino para ir montado. Por tanto, escojo la pista asfaltada.

No sé si el paisaje por el camino es mucho mejor, desde luego el que yo me he encontrado no desmerece en absoluto. No hay más que ver las fotos.

Subiendo O Cebreiro podemos disfrutar de bellísimas vistas


La subida es francamente dura. De las de plato pequeño a las primeras de cambio. Pim-pam-pim-pam-pim-pam... más de una hora de esfuerzo continuado hasta coronar.

No me he bajado ni he hecho ningún descanso, ni siquiera cuando he visto a la gente en el bareto de la Laguna de Castilla, justo al terminar el tramo más duro (bueno, vale, sí, me he parado un segundito para sacar la foto de debajo cuando estaba a apenas trescientos metros de la cima). La verdad es que estoy orgulloso.


Una vez dejamos atrás la población de Laguna de Castilla, la subida al temido O Cebreiro toca a su fin
Como ayer, el descenso se hace de rogar. Toca crestear un poco, superando repechos durante unos diez kilómetros. La subida al Poio, a la que tenía respeto, no tiene ningún misterio. Mejor. Corono en un periquete y me lanzo cuesta abajo.

Sobre el descenso también había leido distintas versiones. Hay quien prefiere bajar por asfalto y quien prefiere el descenso trialero. Decido probar los dos. Hago el primer tercio de la bajada por asfalto, pero hace tanto viento como ayer bajando la Cruz de Ferro. Me resulta incómodo y yo he venido a disfrutar, por lo que me paso al sendero a la altura de Fonfría.

El sendero es una pasada. Mucho mejor. A pesar de que la gente lo pone de suicidio para arriba, la verdad es que apenas tiene tramos técnicos y se baja francamente bien (imagino que será más complicado si se llevan alforjas pesadas). Además, entre los árboles se va a resguardo del viento.

Al final del descenso, en la localidad de Triacastela, se nos presenta una nueva elección: el Camino se bifurca en dos, ofreciéndonos las aldeas de San Xil por un lado y las corredoiras del monasterio de Samos por otro. Sin pensarlo mucho, escojo la segunda opción.

Las primeras corredoiras hacen su aparición nada más terminar el descenso de O Cebreiro. Los alrededores del monasterio de Samos son un paraíso para la BTT.

Entre corredoira y corredoira se nos abre una ventana al monasterio de Samos

Este tramo nos regala una sucesión de espectaculares toboganes jalonados por frondosas corredoiras, por lo que no hay tiempo para el aburrimiento. Además, durante un rato tendremos estupendas vistas del monasterio. No sé si la opción de San Xil era mejor, pero la de Samos no defrauda.

A pesar de ser en teórico descenso, el final del día dista mucho de ser plácido, con sube y bajas a tutiplén hasta llegar a Sarria. Este terreno indeciso me recuerda el chiste aquél del gallego que estaba en una escalera y no sabía si subía o si bajaba. Sea como fuere, me queda muy claro que diez "kilómetros gallegos" no tienen nada que ver con diez "kilómetros palentinos".


En el tramo final de la etapa pasaremos por pequeñas aldeas gallegas como la de la imagen. Creo que es San Cristóbal.


Paso la noche en el albergue de San Lázaro. Es un poco caro (10€), pero está nuevo y tiene mejores servicios que la mayoría. Se agradece la espontánea tertulia nocturna en el patio y el ambiente familiar.

Todavía no sé si me queda una etapa larga o dos etapas cortas. A pesar de que ya le he perdido por completo el respeto a las distancias largas, los 115km que me separan de Santiago se antojan suficientemente duros como para plantearse las dos opciones.

Me voy a dormir. Mañana decido.


(*) Por cierto, de las cotas de este perfil me fío casi tanto como de la guía Michelín. O sea, nada. Creo que el GPS ha debido tener algún problemilla con las altitudes. La morfología del terreno, sin embargo, es creíble.


15 ago. 2012

Etapa 6. León - Molinaseca (103km)


Hoy entramos en la parte más accidentada de nuestro periplo. Los repechos se suceden sin solución de continuidad y ya no nos abandonarán hasta Santiago. De momento toca superar el Alto de la Cruz de Ferro, una de las subidas más emblemáticas del Camino, para luego descender a la bella localidad berciana de Molinaseca (pulsa sobre la imagen para verla más grande).


Si la etapa de ayer fue llana y de transición, la de hoy ha sido un auténtico etapón alpino. Más de cien kilómetros por los espectaculares paisajes de los Montes de León, visitando localidades tan bellas como Astorga, Rabanal del Camino, el Acebo o Molinaseca, y coronando los altos de la Cruz de Ferro y del Collado de las Antenas. Entre unas cosas y otras, ha sido necesario superar un desnivel acumulado superior a mil metros.

Pero comencemos por el principio. Por la noche ha llovido y el ambiente se ha quedado bastante fresco. Incluso más que ayer. Además, hoy hace algo de aire. De nuevo he salido con las primeras luces del amanecer, siguiendo las flechas amarillas desde las puertas de la catedral de León en dirección a la Virgen del Camino.

En las proximidades de la Virgen del Camino encontramos estas curiosas "casas de hobbit", excavadas en la ladera. Aparentemente son bodegas.
Tras superar el alto de la Virgen del Camino nos vemos confrontados con dos alternativas. La primera consiste en seguir el trazado de la N-120 por una especie de andadero de tierra que va pegado a ella. La segunda implica dar un largo rodeo por solitarias pistas agrícolas, atravesando poblaciones como Chozas de Abajo, Villar de Mazarife u Hospital de Órbigo.

No hay color.

Así, que me decido por la segunda alternativa. Es más larga, pero infinitamente más gratificante que el tráfico de la carretera principal.

La variante que hemos tomado a la altura de la Virgen del Camino nos permite circular todo el tiempo por pistas de tierra y caminos agrícolas asfaltados, olvidando así el tráfico de la N-120

El Camino está plagado de curiosas obras de arte, tanto antiguas como modernas. En la imagen, un mosaico realizado por habitantes de Villar de Mazarife

Un majestuoso puente del siglo XIII nos da la bienvenida a Hospital de Órbigo
El río Órbigo

A partir de aquí el terreno es un rompepiernas continuo hasta Astorga. Pasado Hospital de Órbigo el camino se torna sendero y encontramos una serie de repechos pedregosos más o menos duros que culminan con la llegada al Cruceiro Toribio, desde el cual dominamos la villa romana.

Cruceiro Toribio. Al fondo, Astoga.

En Hospital existía la posibilidad de circunvalar este tramo por carretera, lo que suaviza bastante su dureza, pero siguiendo mi política anteponer camino a carretera ni siquiera me lo he planteado.

La subida al casco antiguo de Astorga es bastante empinada. Sin embargo, la recompensa vale la pena, puesto que una vez arriba podremos contemplar el palacio de Gaudí y la catedral. Aprovecho para reponer fuerzas por allí, sabiendo que este es el último respiro antes de afrontar la parte dura de la etapa.

En efecto, a partir de Murias de Rechivaldo comenzaremos un ascenso continuado de más de treinta kilómetros que nos llevará a lo más alto de los Montes de León.

La subida es llevadera al principio, y recorremos muchos kilómetros donde el camino simplemente pica hacia arriba. De hecho, el puerto no comienza realmente hasta que llegamos a Rabanal del Camino. A partir de aquí tenemos ocho kilómetros con un desnivel medio algo superior al 5%. Las dos o tres rampas más duras están al final, pasada la localidad de Foncebadón, por lo que conviene ir dosificando las fuerzas en los primeros tramos de la subida.

Frente al Palacio Espiscopal, a veces llamado Palacio de las Hadas (Astorga)

Estamos a punto de coronar la Cruz de Ferro. En primer plano, Foncebadón.

Para seguir con la tradición del peregrino, dejo el pedrusco que recogí en Roncesvalles a los pies de la Cruz de Ferro. La verdad, no me siento liberado de lo material. Es más, tengo bastante hambre, pero como aquí no hay donde comprar comida toca reanudar la marcha. Coronado el alto todavía quedan unos cinco o seis kilómetros de repechos hasta comenzar el descenso.

Pasamos por el albergue de Manjarín, de marcado corte alternativo, y por el collado de las Antenas, cuyo breve ascenso se atraganta un poquito más de lo esperado.

El paisaje en estos parajes solitarios es típicamente alpino. Desde luego, los valles leoneses son tan abruptos y verdes como los valles gallegos. Hay vaquitas y prados verdes. Sólo falta Heidi. Siento no poner fotos, pero es que la cámara las hacía borrosas. Qué rabia. Por suerte, al llegar al albergue me he dado cuenta de que ha sido porque puse el dedazo en el objetivo. El lado bueno es que tiene fácil arreglo, y el malo es que no tengo recuerdos gráficos de un tramo francamente bonito. En fin, lo que sí tengo ya es una excusa para volver...

¿Viena? ¿Salzburgo? No, Molinaseca
La Cruz de Ferro
Curiosamente, lo más duro de la etapa ha resultado ser el descenso.

De repente se ha levantado un vendabal tremendo. La carretera está bastante expuesta a lo largo de todo el descenso, y las huracanadas ráfagas de viento amenazan con tirarme de la bicicleta.

Para protegerme un poco opto por bajar por la senda trialera hasta El Acebo. Después no me queda otra que la carretera. Por suerte no hay apenas tráfico, pero el viento no remite. La verdad es que siento un profundo alivio cuando aparecen ante mi los primeros tejados de Molinaseca.

Desde Molinaseca sólo quedan ocho kilómetros a Ponferrada. La verdad es que podría haber hecho noche en la ciudad de los templarios, pero Molinaseca es demasiado bonito para pasar deprisa y está engalanada por las fiestas. Decido hacer noche aquí para poder dar un paseo en condiciones.

Los albergues están a la salida del caso antiguo, cuando ya parece que hemos dejado atrás el pueblo. El primero no me convence mucho, pese a que el hopitalero intenta hacerme creer que la bici va a dormir estupendamente al raso y sin verja. En el segundo, sin embargo, me dejan meter la bici dentro. Las instalaciones son normalitas y cuesta 6€, pero el ambiente me gusta.


El albergue tiene camas hasta en el porche. Creo que algún valiente ha pasado ahí esta noche. Con el airecillo que corría yo ni me lo he planteado.
Por la noche, sentado como acostumbro en el hall del albergue, he entablado conversación con distintos peregrinos. Uno de ellos, Iván, llega desde Sahagún. O sea, que hoy se ha metido más de 150km. Además, hay dos madrileños que ayer hicieron 165km.

¡Y yo que pensaba que era un machote por hacerme cien...!


14 ago. 2012

Etapa 5. Lédigos - León (74km)

La etapa de hoy es, sin duda, la más sencilla de nuestro periplo. Se trata de un paseo mayoritariamente llano que atraviesa multitud de tranquilas poblaciones castellanas. El Alto del Portillo, una dificultad menor, dará paso al bullicio de León, la última gran capital del Camino antes de llegar a Santiago (pulsa sobre la imagen para verla más grande).

Etapa corta, llana y de transición. Si estoy fuera una gran carrera ciclista hoy estaríamos condenados a un sprint masivo.

La verdad es que podría haber planteado un trayecto bastante más largo. Por ejemplo, una etapa de 125km hasta Astorga habría sido perfectamente viable habida cuenta de la nula dificultad del recorrido (como veis, el temor de los primeros días a las distancias largas ya está superado). Sin embargo, hoy tengo un bendito condicionante: anoche hablé por teléfono con Félix, un antiguo amigo del colegio que se casó recientemente, y que reside con su esposa en León. Me ha invitado a pasar la noche en su nueva casa y he aceptado gustoso su hospitalidad.

De camino a la ermita de la Virgen del Puente (Sahagún)
A falta de otras eventualidades, aprovecho para decir que nunca me acostumbraré a los encantos con los que las primeras luces del amanecer visten los campos: las sombras alargadas, los tonos dorados, la brisa fresca... todo hace que valga la pena echar a rodar cuando todavía es de noche.

Algo que, por otra parte, se está empezando a convertir en un hábito.


Sahagún, "Centro del Camino", ofrece un buen puñado de atractivos monumentales. En la foto, el crucero y el puente sobre el río Cea
Desde Terradillos de los Templarios hasta Sahagún, primer pueblo de la provincia de León, circulamos por veredas y caminos agrícolas en buen estado. A partir de Sahagún, el Camino discurre durante muchos kilómetros por un andadero pegado a una carretera asfaltada. Bercianos de Real Camino, El Burgo Ranero, Reliegos... pequeñas poblaciones que vamos dejando atrás en nuestro camino hacia Mansilla de las Mulas, donde hoy hay mercadillo.

¿Quién dijo que Castilla era amarilla?
El terreno es mayoritariamente llano, e incluso favorable a partir de El Burgo Ranero. Los kilómetros se suceden sin solución de continuidad y, a pesar de que he hecho algunas paradas para admirar los diversos conjuntos monumentales que me salen al paso, hacia las once de la mañana he cubierto de largo las tres cuartas partes de la etapa.

En el Burgo Ranero he presenciado una curiosa escena: un bicigrino japonés se estaba zampando un bocata de chorizo de medio metro de largo. El hombre llevaba un mochiloncio que debía pesar una burrada. He intentado entablar conversación con él, pero no sé japonés. Así que nos hemos limitado a sonreir y a hablar por señas: "mochila grande" -risas- "bocata grande" -risas- "que aproveche" -cara de no te entiendo- "hala, pues hasta luego" -risas.

Frente la catedral de León
Lo típico.


A partir de Mansilla el recorrido es menos plácido. De hecho, me atrevo a decir que la llegada a León es el tramo más feo del Camino, puesto que nos vemos obligados a rodar por una carretera con bastante tráfico, cruzando el estrecho puente de Villarente entre camiones y autobuses.

Por fortuna, tras unos pocos kilómetros nos desviamos por una pista que nos lleva por Alcahueja y Valdelafuente hasta el Alto del Portillo.

Lo de "alto" debe ser por decir algo, porque la subida apenas presenta dificultad (menos de cuatro kilómetros con una pendiente media inferior al 2%). En realidad, toda la dureza se reduce a una rampa empinada a la altura de Alcahueja. El último tramo de la subida consiste en tres rampas escalonadas con tramos llanos entre medias. Tras superarlo cruzamos la carretera por un paso elevado y obtenemos como recompensa una bonita vista de la capital leonesa.

A partir de aquí toca buscar flechas amarillas por las calles de la ciudad. La catedral espera.




13 ago. 2012

Etapa 4. Burgos - Lédigos (107km)

Hoy abandonamos los relieves accidentados para internarnos en la Tierra de Campos. Sólo el Alto de Mostelares, cuyas rampas merecen el respeto de cualquiera, rompe la monotonía de una etapa bastante llevadera (pulsa sobre la imagen para verla más grande).

El cuarto día amanece fresco. A ratos amenaza lluvia, e incluso hay un poco de niebla en los primeros tramos del recorrido. Mejor así. Del sol que me ha pegado estos días estoy empezando a desarrollar complejo de cangrejo.

Al comienzo del día circulamos por tierras de labor a las afueras de la urbe burgalesa. Estamos en plena temporada de riego, por lo que el entorno es muy verde.

Saliendo de Burgos. Como se puede ver por la sombra, la foto está sacada en marcha. Aprovecho el tema de la sombra para dar un consejo que me dio un bicigrino sabio (yo no lo seguí, pero seguro que le sirve a alguien): para evitar los rigores del verano, conviene comenzar a rodar con el sol a la espalda, parar cuando ya no veamos nuestra sombra y reanudar la marcha cuando lo veamos en el horizonte.

De camino hacia Hornillos
Quitando el Alto de Mostelares, la etapa es bastante llana, sobre todo en su segunda mitad. Antes del puerto encontramos algunos repechos de poca entidad en las inmediaciones de Hornillos del Camino y San Bol. La práctica totalidad del día transitaremos por pistas forestales anchas y en buen estado, con lo que esta etapa tiene todos los ingredientes para ser una de las más plácidas del Camino...

...lo cual no quiere decir que tengamos que confiarnos.

Ruinas del Monasterio de San Antón
La bajada a Hornillos, por lo empinado y por lo pedregoso, es uno de esos lugares un pelín traicioneros donde conviene llevar cuidado.

Llegados a ese punto iba integrado en un grupo de cinco o seis chavales guipuzcoanos que circulaban en pelotón a buen ritmo. Como estamos todos poco habladores (no son ni las ocho de la mañana) me limito a rodar a cola para no molestar mucho.

En ausencia de caminantes, la bajada pide apretar el pedaleo y coger velocidad. En esto, uno de los chavales -el que iba el último de ellos- pierde el control de la bici y se pega un porrazo de impresión. Para mi que se ha desequilibrado entre las piedras y el peso de las alforjas.

El caso es que los otros no lo han visto y siguen su descenso a tumba abierta. Él grita, pero los otros no le oyen.

Cuando me paro a atenderle me da la sensación de que está más cabreado que dolido por la caida, así que le digo que no se preocupe y que me voy a avisar a sus colegas.

Dicho así suena fácil, pero del dicho al hecho hay un trecho. La bajada, como digo, es rapidísima, y va seguida de un llano donde también se rueda rápido por el impulso. Como encima me llevan ya una cierta ventaja, me meto un calentón de casi tres kilómetros hasta que les cojo.

No se habían dado cuenta. Una vez están avisados, doy por completada mi buena obra de hoy y sigo mi camino.

El monasterio de San Antón, poco antes de llegar a Castrojeriz, es una espectacular mole de piedra en ruinas. Tiene un encanto muy peculiar, y es que el camino, asfaltado en este tramo, discurre por debajo de sus enormes arcadas. Es el momento de parar a hacer alguna foto. Aprovecho para saludar a dos bicigrinos franceses que vienen de París.

Como la cigüeña pero pedaleando. Qué tíos.



En ocasiones, la flecha nos trae buenas noticias

El Alto de Mostelares, un kilómetro y medio con rampas del 12%, constituye la única dificultad montañosa del día. A la salida de Castrojeriz se manifiesta sin tapujos: empezaremos a subir por la parte derecha de la foto y coronaremos arriba a la izquierda.

La bajada del Alto de Mostelares abre las puertas de la Tierra de Campos. Y con ella, al océano amarillo de la meseta.

Tras pasar por la bella población de Castrojeriz y superar la "pared" de Mostelares nos adentramos en la llanura. En realidad el terreno siempre pica hacia arriba o hacia abajo, pero de manera tan suave que se hace imperceptible a las piernas.

Durante algunos kilómetros circularemos en paralelo al Canal de Castilla, una de las obras hidráulicas más emblemáticas de la Ilustración
A la altura de los Iteros cruzamos el Pisuerga en dirección a Frómista. Allí nos reciben los valiosísimos restos del románico castellano, las ingeniosas esclusas del Canal de Castilla y una pizzería estupenda donde reponer fuerzas de cara al último tramo del día.

Cuando estoy acabando de comer veo pasar a los guipuzcoanos de esta mañana, que van camino de Carrión de los Condes. Están todos. Se ve que la caida no era nada grave. Me alegro.


El resto del día presenta un paisaje bastante monótono, aunque bonito a su manera. Los kilómetros caen rápidamente. El Camino nos lleva pegados a la carretera entre Frómista y Carrión de los Condes. Por fortuna, a la altura de Población de Campos, justo al cruzar el río Ucieza, es posible tomar una variante que nos llevará por una estrecha vereda fluvial. Se hace algún kilómetro más, pero sin duda vale la pena circular lejos del tráfico.

La Vía Aquitana es una kilométrica recta que surca la Tierra de Campos, uniendo la Abadía de Benevívere (Carrión de los Condes) con la localidad de Calzadilla de la Cueza, cerca de Lédigos. 
Desde Carrión hasta Calzadilla tomamos la Vía Aquitana, una pista forestal recta y en excelente estado que se pierde en el horizonte. Aunque pica ligeramente hacia arriba durante muchos kilómetros, permite rodar a buen ritmo. Eso sí, me alegro de haber cogido agua en Carrión: el día es fresco ma non troppo y en las horas centrales del día el amigo Lorenzo no se corta un pelo.

El albergue de Lédigos es además bar y tienda de alimentación. Claramente la familia que lo regenta se ha hecho con el monopolio de los suministros del pueblo. El único albergue del pueblo cuesta 6€. No va muy allá en cuanto a las instalaciones, pero permite guardar la bici en un patio interior.

Podría haber seguido algunos kilómetros más, pero la experiencia de ayer en Burgos me tiene un poco paranoico. De hecho decidí que en lo sucesivo las etapas terminarán a las tres o las cuatro de la tarde, con ánimo de asegurarme una cama donde descansar.

En el abergue me encuentro con tres ciclistas de Cartagena, muy majetes ellos, que me dejan un poco de grasa para la cadena. Mientras lavo la bici descubro por qué el albergue se llama "El Palomar", y es que me ha defecado otro pájaro en la cabeza. Con el de Logroño van dos.

Cuando se lo comento a los cartageneros se descojonan de risa, encuentran la coincidencia muy divertida.

Yo sólo espero que no se convierta en tradición.